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20/05/2015 Blog, Comunicación en el día a día

Morbo, audiencia y falta de escrúpulos: una crítica feroz a los medios de comunicación

Viñeta de Atxe

Viñeta de Atxe

Nunca he estado de acuerdo con el dicho que defiende que “el fin justifica los medios”, frase manida que refuerza la idea del “todo vale” y que en el mundo de los medios de comunicación suele encontrarse, por desgracia, con demasiada frecuencia en pos de la todopoderosa audiencia. Esta fue la primera idea que tuve cuando vi una de las últimas películas que me hizo reflexionar: “Nightcrawler”.

Al observar casualmente un accidente en una de sus correrías nocturnas, Lou, un desempleado de Los Ángeles que se dedica a robar, descubre un futuro profesional rentable sin la necesidad de disponer de muchos recursos, aunque sí de falta de escrúpulos: grabar sucesos para venderlos a las cadenas de noticias sensacionalistas de la ciudad.

Así comienza la cinta, un brillante thriller escrito y dirigido por Dan Gilroy que estuvo nominado en los pasados Oscars al mejor guión. Jake Gyllenhaal interpreta estupendamente a Lou: un tipo sociópata y obsesivo, de mirada suave y terrible, dispuesto a cualquier cosa con tal de llegar al éxito, utilizando su gran capacidad de aprendizaje y persuasión. Con su objetivo fijado, comienza a recorrer la ciudad, cámara en mano, mientras escucha la radiofrecuencia de la policía, esperando el momento para, como buen carroñero, captar el momento luctuoso de la jornada y venderlo al mejor postor.

La película, de cuidada fotografía, muestra de manera lineal y aparentemente sencilla la manipulación y el aumento de dureza de sus grabaciones, que va posibilitando a la vez su ascenso profesional en la televisión.

Creo que Nightcrawler realiza una crítica feroz a los medios de comunicación, pero también a la sociedad y al consumo compulsivo que, finalmente, termina envolviendo a unos y otros en una vorágine de morbo, audiencias e intereses económicos, difuminando y relativizando los límites entre sensacionalismo e información. Ese “todo vale” impregna por desgracia muchos contenidos televisivos en la actualidad, en la medida en que la televisión ha ido convirtiéndose en un reflejo cultural de la sociedad. Así, es preocupante que sus objetivos primigenios -informar, culturizar y entretener- vayan desdibujándose cada vez más en beneficio de unos contenidos de consumo rápido que se entrometen en la vida privada de las personas, difunden bulos y rumores, abusan de lo vulgar y soez o aúpan al estrellato a personajes sin ningún mérito concreto.

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