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22/10/2014 Blog, Comunicación 360, Comunicación en el día a día

La (in)comunicación de los políticos

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Llevo semanas queriendo escribir sobre la mala gestión de comunicación de los políticos españoles. Sin querer dedicar todo el post a la pésima gestión de la comunicación por parte del gobierno en el caso del ébola, no puedo dejar de nombrar los aspectos que, a mi parecer, son imperdonables para los responsables de un país en democracia.

Recuerdo que estaba llegando a Madrid cuando se empezaron a escuchar las primeras noticias del contagio y comencé a recibir mensajes de personas cercanas que me recomendaban dar marcha atrás y alejarme de la capital. Aún de camino a casa, tranquilicé a estos familiares argumentando que la ministra de sanidad iba a ofrecer una rueda de prensa y que podríamos saber el alcance del posible peligro social. Y tuve que comerme mis palabras. La falta de liderazgo, de capacidad de oratoria y conocimiento de la portavoz sólo transmitieron más inseguridad.

Esta tardía e incompleta comunicación no consiguió otra cosa más que aumentar el nerviosismo y el miedo. Sólo la portavoz de un gobierno incapaz de gestionar una crisis y de transmitir información fidedigna y valiosa se atreve a presentarse delante de la sociedad con un discurso no estudiado y negarse a responder a las preguntas de los periodistas. A falta de información, se extendió el miedo. No fueron ni dos ni tres los vecinos de la enfermera que contrajo el virus los que optaron por abandonar sus pisos habituales. Los medios de comunicación transmitían la información de la que disponían, pero hoy en día una amplia parte de la población utiliza también las redes sociales para informarse. El perfil de Twitter del Ministerio cuenta con más de 80.000 seguidores, pero solo se informó de la convocatoria de la rueda de prensa de Ana Mato. Desde el inicio de la crisis el canal de microblogging solamente ha lanzado un mensaje cada 12 horas.

Pero todo esto no debería sorprendernos. Si dejamos el caso del ébola a un lado y analizamos las comunicaciones habituales del gobierno, veremos que esta línea de incomunicación se mantiene a lo largo del tiempo. Según contaban en El Confidencial, el Ejecutivo no cumplirá este año ni de lejos con las previsiones de entrevistas y comparecencias públicas programadas para el ejercicio dentro de sus objetivos de coordinación de política sobre medios de comunicación. De las 150 ruedas de prensa que se habían planeado llevar a cabo, según los Presupuestos Generales del Estado, se prevé cerrar el año con 66 encuentros informativos. ¿Y cuántos de ellos se realizarán sin permitir que los periodistas formulen preguntas?

Tal y como indica uno de los creadores de la iniciativa #sinpreguntasnohaycobertura, Antón Losada, “cuando un político comparece y no acepta preguntas, esa es la noticia. Lo que diga, es publicidad. Debería pagarla y deberíamos presentarla como tal. Así se garantiza efectivamente el derecho a la información del ciudadano”. Carlos Fonseca, otro de los periodistas afines a esta acción que en su día fue Trending Topic, aseguró que no se puede confundir la “información con propaganda”. “No queremos edulcorar la realidad, solo contarla y preguntar para responder dudas”, afirmó.

Todo gobierno democrático tiene la obligación de informar adecuadamente a sus ciudadanos. La comunicación es un capítulo relevante con crisis o sin ella, y de su gestión depende que la sociedad mantenga la calma y se nutra de información precisa y limpia.

Photo credit: Ciudadano Poeta / Foter / CC BY-NC-ND

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