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08/10/2014 Blog, Comunicación 360, Comunicación en el día a día

El lenguaje como representación de las nuevas realidades

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Como decía Ludwig Wittgenstein, “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Aunque no seamos muy conscientes, los cambios sociales, económicos y culturales afectan directamente en el lenguaje, que está vivo y en continuo cambio, tal y como lo explicaron hace unos días en el programa televisivo “Para todos La 2”. Varios expertos indicaban cómo y por qué “Internauta” o “linkear” son términos que ya forman parte de nuestra lengua, mientras que palabras que en otra época eran habituales en nuestro diccionario como “casete” o “cáspitas” están en desuso.

La realidad cambia continuamente y las lenguas se ajustan a dichos cambios viéndose obligadas a crear nuevos términos que los definan. La Real Academia de la Lengua Española es la institución encargada de identificar todos estos nuevos usos e incluirlos en el diccionario nacional. El problema surge cuando el mundo corre más deprisa que los lingüistas. Los cambios tecnológicos de hoy en día son mucho más rápidos que la academia, sin olvidar que este organismo necesita de la consolidación de esos neologismos antes de incluirlos en los libros. Así ocurrió con palabras como “walkman”, cuya corta vida provocó que nunca obtuviera un nombre en castellano ni fuera aceptado por la academia. Sin embargo, neologismos como “telefonista” pasaron a ser términos de uso habitual, igual que ha ocurrido con, por ejemplo, “web”, “linkear” o “resetear” que ya forman parte de nuestro diccionario nacional.

Otra de las curiosidades respecto a los cambios que sufre el idioma es el empleo de anglicismos. Mientras que en España su uso se ha afianzado, resultando incluso sofisticado y culto, en Hispanoamérica los evitan utilizando la traducción al castellano del término. En el caso de aparcamiento, por ejemplo, somos muchos quienes utilizamos la expresión de “parking” en nuestro uso diario, si bien al otro lado del océano optan más por la palabra “estacionamiento”.

La incorporación de la mujer a la vida pública es otro de los cambios que ha provocado la fundación de nuevos términos en el lenguaje, creando femeninos específicos como “jueza”, “doctora” o “presidenta”, entre otros cientos, que no tiene nada que ver con lo morfológicamente correcto, sino que se trata de la manifestación de una tendencia que obedece a la adaptación del término al género y al sexo. Me resulta preocupante el uso natural y entre gente que se aprecia de términos peyorativos como “golfa”, ya que no podemos olvidar que la ideología y los valores también se transmiten a través de la lengua y calan en el ser humano y por lo tanto, en la sociedad.

Photo credit: limbte / Foter / CC BY

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