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14/05/2014 Blog, Comunicación 360, Comunicación en el día a día

La digitalización: progresar con criterio

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En 2005 se creó la primera tarjeta de memoria microSD, algo menor que una uña y con 16 MB de capacidad. Apenas nueve años después y en el mismo espacio podemos almacenar aproximadamente ocho mil veces esa cantidad de datos.

Las increíbles mejoras tecnológicas que estamos viviendo actualmente nos permiten disponer de multitud de herramientas para el intercambio y el acceso a la información, pero también han provocado un vuelco (dramático en algunos casos) en los objetivos y estrategias del modelo clásico al que estábamos acostumbrados. La situación económica no ayuda precisamente a adaptar, diversificar o consolidar estas estrategias y, por ejemplo, la prensa escrita acumula graves pérdidas durante los últimos años. Existen grandes dificultades para encontrar modelos adecuados de acceso a la cultura que garanticen ingresos mediante cargos fijos en los contenidos o nuevos formatos de publicidad y que protejan al autor proporcionando al usuario calidad, fácil acceso y un precio asequible.

La digitalización ha revolucionado significativamente el acceso a la información y la labor de los medios en ello. Ha aportado inmediatez y actualidad a las noticias que suceden en cualquier parte del mundo y actualiza el libro de estilo periodístico: modifica el trato con las fuentes y el contraste de sucesos y posibilita además interactuar con los lectores, que pueden opinar mediante redes sociales como Twitter, permitiendo así la socialización de la información, enriqueciéndola con diferentes tendencias y opiniones. Una noticia digital no tiene limitaciones temporales ni espaciales (al no estar restringida a un espacio en página o a una franja horaria), y permite diferentes canales audiovisuales (vídeo, texto, fotografías o grabaciones que el lector puede elegir ver).

Si hablamos de literatura, la digitalización nos permite el acceso a más ebooks de los que podríamos leer en varias vidas, abaratando su precio y ofreciendo evidentes ventajas de espacio y peso con respecto al libro físico.

Sería absurdo negar o menoscabar la cantidad de ventajas que ofrece la digitalización de la información. Sin embargo, es inevitable pensar a veces en lo que perdemos por el camino, sin darnos apenas cuenta. Todo cambio vertiginoso necesita los ajustes adecuados para aprovecharse de sus beneficios sin renunciar a la esencia. Progreso, pero con sentido. Quizá seamos poco prácticos y pequemos de románticos o nostálgicos, pero pequeñas cosas como el olor a tinta fresca de un libro nuevo, el tacto de las páginas del periódico en el desayuno, acudir a una biblioteca o ir engrosando paulatinamente durante años tu colección de libros serán cada vez más complicadas. En un mundo repleto de dispositivos electrónicos, teclas y pantallas que nos facilitan enormemente la vida, corremos el riesgo de acomodarnos excesivamente y terminar siendo demasiado dependientes (incluso completamente inútiles en ocasiones) y, por tanto, vulnerables.

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