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06/03/2014 Blog, Comunicación 360, Comunicación en el día a día

Her, relación hombre- máquina: ¿el futuro de la comunicación?

Tras la entrega de premios del domingo, podemos considerar esta la semana de los Oscars. Por eso, siendo consciente de la importancia de la actualidad, mi post versará sobre una de las películas premiadas: “Her”. Este film, dirigido por Skipe Jonze y protagonizado por Joaquin Phoenix, estaba nominado a cinco premios, y obtuvo finalmente la estatuilla al mejor guión original. Intentaré no desvelar demasiados datos relevantes para quien aún no haya visto el largometraje, que trata sobre la comunicación, la tecnología y las relaciones humanas.

Una fotografía de colores suaves y claros nos ambienta en el futuro no demasiado lejano de una sociedad aséptica donde Theodore, un escritor solitario y melancólico en medio de una traumática ruptura,  lleva una vida rutinaria y poco emocionante, que intenta llenar con chats y videojuegos. Un día decide adquirir un nuevo sistema operativo que le sirva de asistente personal (fabulosa la idea de contar con una herramienta que lea, seleccione y resuma los correos electrónicos) con el que, poco a poco, comenzará a entablar una relación emocional. Este OS femenino, Samantha, con la voz virtual de Scarlett Johansson, va adaptándose a Theodore, enriqueciéndose, tomando conciencia de sí mismo y aprendiendo a “sentir”, a pesar de no disponer de un cuerpo físico.

 

El buen trabajo del director nos permite colarnos en la intimidad de la pareja y ver cómo esta va creciendo mediante conversaciones, recuerdos y diferentes actividades, salpicados de muchos momentos de humor, ternura, dolor y complicidad que terminan normalizando a nuestros ojos una relación amorosa entre hombre y máquina, por muy extraña que, en un principio, esta nos pudiera parecer.

Creo que “Her” logra una buena radiografía del amor y la soledad, pero, sobre todo, del corazón humano, explicado fiel y progresivamente en los numerosos primeros planos de un genial Joaquin Phoenix y cómo reacciona ante la voz de Samantha. Este es un corazón alejado de estereotipos perfectos de película romántica, con carencias emocionales, que sufre y ama. Un corazón real, con el que no nos cuesta identificarnos porque, simplemente, necesita sentirse querido.

En esta época de comunicación e increíbles mejoras científicas tenemos a nuestra disposición infinidad de herramientas al servicio del ser humano en cuanto a intercambio de cultura, experiencias e información se refiere. El alcance y las posibilidades de las nuevas tecnologías pueden, en ocasiones, terminar encerrándonos más en nosotros mismos y nuestro entorno virtual, aislándonos de otros seres humanos cuando, paradójicamente, deberían servir para todo lo contrario: estrechar lazos y acercarnos.

El temor a nuevas decepciones, sufrimientos o fracasos puede a veces hacer que busquemos refugio en nuestro entorno virtual para no tener que afrontar a la gente real ni los problemas reales cara a cara. Escondernos ahí sencillamente para sentirnos mejor con el resto de la gente y con nosotros mismos, prefiriendo la calidez del número de seguidores en Twitter o los “me gusta” en Facebook al contacto con el mundo, quizá más frío o doloroso, pero, auténtico al fin y al cabo. En mi opinión, una red social o un entorno virtual pueden y deben ayudar y complementar al individuo, pero, en ningún caso, reemplazar a familia, pareja o amigos, pues lo harían de manera ficticia. Un “like” o un follower pueden ser compatibles pero nunca intercambiables por una conversación, una cerveza entre amigos o un  simple abrazo.

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